miércoles, 13 de diciembre de 2023

HORMIGAS

 HORMIGAS


Para mí la llegada de la primavera significa una cosa: HORMIGAS!! Si señor, a la salida del cole, cuando mamá nos recoge, nos lleva a ver a las hormigas. Son terribles estas hormigas. 


Nos lleva los viernes por la tarde al solar abandonado cerquita del cole, donde venden pimientos en otoño y están todos los abuelos comprando y pasando el rato entre montones y montones de pimientos rojos de todos los tamaños. 


Es divertido ir a verlas, lo primero de todo, hay que localizar sus casitas. Mamá las llama “hormigueros”, pero debe ser su casita, aunque no son casitas normales, como la mía. 


Para empezar, no tienen calle. Tú no puedes acercarte a una hormiguita y preguntarle: ¿en qué calle vives, hormiguita? Imagino que los Reyes Magos lo tendrán difícil para repartirles sus regalos, aunque claro, los Reyes son precisamente Magos, como dice mamá.


Pues esas “calles” son ellas, porque hay montones de filas distintas de hormiguitas paseando por el solar abandonado una detrás de otra, sin perderse una de otra. Es como cuando vamos todos en el cole de excursión y la maestra nos manda cogernos de la mano e ir en fila. Pero estas hormiguitas no se despistan, ni parece que les riña la maestra, como hace con nosotros, que solemos soltarnos de la mano y echar a correr siempre que hay cosas más importantes que seguir la fila, como ver una bolsa revoloteando con el aire o más genial aún, cuando aparecen perritos que nos saludan con sus colitas moviéndose al vernos pasar.


Son terribles estas hormiguitas, que siguen su fila, que no se pierden, y esas filas deben ser sus calles. Son curiosas esas calles porque se parecen algo a las de las personas mayores, que llevan en sus coches montones de cosas y las llevan y las traen a distintos sitios, como sus casas o las tiendas o las oficinas. Pero muchísimo más serio y ordenado. Las hormiguitas salen de su casa-hormiguero sin nada, y vuelven con un granito de arroz, o una hoja, o una miguita de pan, en esa misma calle.


Y llegan a sus casitas, que son agujeros en la tierra. Agujeros totalmente negros. Y circulares. Y tienen un montoncito de tierra a su alrededor. Dice mamá que en invierno, tapan los agujeros con esos montones de tierra, y que es para no pasar frío. Yo no me lo creo, porque si fuera así, lo tienen que tener difícil para salir y entrar todos los días. Aunque mamá me dice que no salen luego en todo el invierno porque guardan toda la comida durante el verano para poder pasar el invierno sin necesidad de salir a la calle. Pero, ¿en serio que no salen en todo el invierno? ¿Y cómo van al cole? ¿Y cómo juegan a polis y cacos? Y una cuestión que me tiene más intrigado aún: ¿Y cómo entran los Reyes Magos a sus casas? Mamá me insiste que los Reyes son precisamente eso, magos, y por eso pueden. Pero no sé, yo tengo que dejar una ventana abierta para que entren, ¿las hormiguitas no? Vamos, hombre, que esto no encaja.


Y así nos pasamos la tarde del viernes en primavera, la tata, la mamá y yo. Papá suele llegar más tarde, a recogernos con el coche para ir a casa. Pero antes hay que hacer millones de cosas, como por ejemplo, merendar viendo a las hormigas. Los viernes por la tarde es lo mismo que decir bocadillo de nocilla. Esto me tiene intrigado también: ¿Dónde compran la nocilla las hormigas? Mamá dice que no compran nocilla, que les puedo dar yo un poco de mi bocadillo para que la prueben. Yo les doy alguna miguita, pero vamos, que no, que si quieren nocilla, que hagan tiendas de nocilla y se la compren allí, que yo espero tooooda la semana para comer mi bocadillo de nocilla y no les tengo que dar todo, vamos hombre, hasta aquí podemos llegar.


Tengo ganas de que llegue el viernes ya porque voy a hacer un experimento: ¿a las hormigas les gusta el batido de chocolate? ¿Y cómo lo beben? Pero qué ganas que tengo de que llegue el viernes…



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