RELATO POLÍTICAMENTE INCORRECTO: EL AGOTADOR REGRESO A CASA
Estoy llegando a casa después de un día y una semana de trabajo. Allí estará ella. Me agota, me agota verla una y otra vez quejándose, nerviosa, ansiosa, cansada. Me agota verla allí, culpándose de todo nos vaya mal, pero sin solucionar nada. Con esos ojos de loca como pidiéndome explicaciones, y yo ya no sé qué más decirle que debe hacer, el amor es así, se siente o no.
Últimamente me enerva, tengo que empezar a hacer algo porque parece que no entiende lo que realmente le pasa. Busca médicos, busca psicólogos, y… ¡No se da cuenta!! ¡El problema real es ella! Yo trato de decírselo constantemente: los médicos no tienen ni idea, no van a dar con tu problema. Porque ella tiene algo relacionado con su autoestima y la falta de confianza en mí. Sólo nosotros juntos vamos a solucionarlo. Sólo juntos voy a poder quitarle esos traumas que tiene y por los que no piensa como alguien normal.
También le insisto que no debe hablar con sus amigas de sus locuras mentales… ¿Pero es que no se va a dar cuenta que en realidad no tiene amigas? ¿Cuándo se va a dar cuenta que son unas egoístas que sólo buscan el morbo o aprovecharse de ella? Y encima, parece que la quieren separar de mí. No puede ser, también están locas. El único que puede ayudarla soy yo, nadie más. Una de ellas es una frustrada que no ha encontrado pareja estable nunca, ¿cómo tiene el valor de intentar separarla de mí, aunque sea por unos minutos? Otra de ellas una amargada que su última pareja la abandonó, ¿y pretende saber qué debe decirle, cómo, y sacarla por ahí? ¿Y pretende esa saber qué es el amor? Claro, como a ella le ha ido mal con los hombres, lo nuestro va mal por mi culpa. En fin, está claro que lo que mi mujer necesita es quedarse en casa, conmigo, descansando a mi lado.
Seguro que empieza con sus tonterías de siempre, que yo no me centro en la relación, que quiere familia, pero es ella la que no hace nada por mí, absolutamente nada. Bastante hago con trabajar para mantener mis necesidades básicas y compartir los gastos de la casa, con todo lo que he hecho por ella. Y joder, no soy perfecto, claro que cometo errores… Y que no digo que no la quiera, no, digo que me merezco algo mucho mejor, más adecuado a mis necesidades. Alguien que me satisfaga mucho más, que me haga sentir un hombre completo. Y aún así, sigo con ella, pocos la aguantarían, pero yo sí. ¿Y se queja de que no le digo que la quiero? Pero vamos, está loca…
Ella es la que debería esforzarse para que yo la quiera. Al menos ya he conseguido que haga la comida, que tenga preparada la cena, que limpie algo la casa y que el dinero que gaste lo haga de forma racional, donde yo le digo que es lo sensato. Está loca, comprar cosas para la casa que no me gustan, que quiere marcharse a tomar cafés o copas con esa gente que no son amigos para nada como si fueran borrachos alcohólicos, en ese cine de mierda que le gusta ver, o ir a cenas con una gente que no me cae nada bien y no me aporta nada.
Y aguanto, y aguanto… y no me comprende nunca. No comprende todo lo que he sufrido en la vida, no comprende todo lo que sufro por estar con ella, por reeducarla, y aún así… la aguanto.
Y mira que se lo digo veces, que cualquiera mujer tendría muchos más detalles conmigo, que tengo mis necesidades, que necesito a alguien que no se queje todo el día, que llegue a casa y tenga todo limpio, que me haga sentir que estoy en un sitio que parezca un hogar, no esa cuadra. Que necesito a alguien que no me mire con esos ojos de loca, como pidiéndome explicaciones todo el día, pero vamos, ¡¡si yo no le debo explicaciones a nadie!! No quiero su dinero, como me echa en cara todo por que me prestó un poco de pasta. Ya compré la moto que total, ella también la disfruta cuando viene conmigo y yo la uso para ir al trabajo. Ya compré la tele de plasma, y el viaje que hice por Asia. No necesito su dinero, pero es justo que me lo preste, ¿para qué quiero si no una pareja? En eso se basan las relaciones, en compartir. Y yo lo necesito, para relajarme, ¿cómo iba a aguantar si no a esa loca?
Y mira que le digo que seguramente Miriam, o Vero, o Julia, estarían como locas por estar conmigo, pero que aún así, yo lucho por quererla. Y ella lo pone tan difícil… Yo suelo quedar con ellas, a tomar café, a reírnos… ¡¡Ellas sí que son amables y buenas conmigo!! Al final, siempre me invitan, y con lo triste que estoy por esta relación tan tóxica me dan abrazos, caricias, un poco de cariño, lo que necesito…
Y se lo cuento a ella y encima, se enfada. Pero vamos, ¡¡si no es lo mismo ni por asomo de lo que hace ella!! Ella, que se mueve como una mala putilla delante del panadero, o del frutero, o del de la tienda de ropa. Por una parte no tengo celos, ella no se va a ir nunca con nadie, es mía y lo sabe, no se irá. Pero qué tristeza me da verla así, con lo gorda que se ha puesto, lo fea y despeinada que está, y que se mueva como si fuera una zorrita quinceañera... Y aún así, yo sigo con ella, ya se lo digo, a pesar de lo mal que se está poniendo. Tengo mucha paciencia. Me lo dice todo el mundo.
Ya le digo que no creo estar enamorado, pero le digo que la quiero querer, que quizás tenga una pequeña crisis relacionada con su falta de atención, su egoísmo, y sus pocos detalles conmigo. También le repito que parece que estoy con ella por interés y eso es mentira, nada, ni por su casa tan cutre donde tengo que vivir, ni por sus muebles tan cutres que tuvimos que comprar por su pesadez, ni por su vida tan cutre. Si yo mañana mismo me podría ir a cualquier parte, total, nada tengo, nada debo a nadie. Pero no me voy, la aguanto. La aguanto como pocos la aguantarían, ya se lo digo.
¡¡Y a veces tiene el valor de decirme que no puede más, que está cansada, que necesita respirar!! Está loca. Yo sí que no puedo más, luchando todo el día por sacar adelante esta relación, y me lo agradece así, ¡¡ella fue la que quiso que nos casáramos!! ¡¡Ella fue la que quiso que saliéramos juntos!! Y me lo agradece así…
A cualquiera que se lo cuento, hasta Miriam, o Vero o Julia, me dicen que qué pinto con esa loca irresponsable. Me insisten sobre mi paciencia, que soy una gran persona. ¿Ves? Esas son personas sensatas, no como ella. Y se lo digo, una y otra vez, lo que me dicen Miriam, o Vero, o Julia, que ella no está haciendo las cosas bien, que no puede seguir así, que me va a perder y que por mucho menos cualquiera se hubiera ido ya. Y se vuelve loca. Y yo sin embargo, le aguanto.
En fin, comienza el fin de semana con ella, a ver qué me hace de cenar hoy y a ver qué noche me da. Si se pone muy pesada con que si la quiero otra vez, le tendré que decir otra vez lo loca que está, tanto que me está volviendo loco a mí. Aunque ya sabe que me duele decírselo, se lo diré. No hay otra forma de hacerle razonar... Tiene que comprender, tiene empatizar un poquito conmigo, ponerse en mi lugar. Su vida es fácil, y la mía no. Me agota. Me aburre…
¿O me olvido de todo y me la follo? Puede ser, aunque no me apetece mucho y lo que me aburre ella, pero me la tiro y se calla. Total, en fin de semana no hay que madrugar. Y ella se queda tan contenta y se calla un buen rato o se va a hacer otras cosas. Lo que tengo que hacer para mantener esta relación, joder.
Si, una buena dosis de sexo y unos besitos, así salgo también de la rutina, y puedo pasar un fin de semana tranquilo, que es lo que necesito. Me haré un poco el difícil para que crea que hay magia, que crea que me ha conquistado. Me la cepillo y ya. La calma. Ya sabe que hasta la semana que viene no habrá más y me dejará tranquilo por un buen rato. Así será un buen finde, podré aburrirme tranquilo y tomar fuerzas para aguantarla toda la semana otra vez.
Bueno, vamos a ello, abramos la puerta y enfrentemos el fin de semana como se pueda. Fuerza, amigo, fuerza… Sigue aguantando a esa pobre loca que no tiene dónde caerse muerta. Sigue que en el fondo, la quieres.
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